jueves, 10 de noviembre de 2016

THE ENGLISH CLUB: LITERARY CHARACTERS CONTEST


How much do you know about literature? Look at these pictures. Guess the name of the characters, the novel in which they appear and the author.
Good luck!!!

DEADLINE: 18th NOVEMBER 2016 

sábado, 5 de noviembre de 2016

RELATOS GANADORES DEL CONCURSO DE RELATOS CÍVICO-TERRORÍFICOS







CONCURSO DE RELATOS TERRORÍFICOS 01.11.16

Con motivo de la festividad de Todos los Santos el 1 de noviembre, más conocida entre nuestra juventud como Halloween, tradición anglosajona que nos ha colonizado, el Departamento de Filosofía del I.E.S. Villa de Santiago ha organizado un Concurso de Relatos Terroríficos guiado hacia las problemáticas sociales más actuales. Hemos de felicitar a la buena cantera de escritores que habitan el municipio, y diríamos más, pensadores del tiempo presente, concienciados ante las injusticias variopintas que nos toca vivir. Gracias a tod@s por vuestra participación.

martes, 7 de junio de 2016

SINDICALISMO CATÓLICO EN SANTIAGO DE LA ESPADA

Eleesbaan Serrano Rodríguez


LOS ESFUERZOS SINDICALISTAS CATÓLICOS POR EL BIEN COMÚN 



Manuel Fernández Espinosa



En el artículo de la semana pasada, "Santiago de la Espada hace casi cien años: en el "Viaje por las Escuelas de España" de Luis Bello", teníamos ocasión de aproximarnos a la triste realidad que se vivía en nuestro pueblo a principios del siglo XX: el aislamiento, las incomunicaciones, la economía y el enfrentamiento entre los forestales y el pueblo, las roturaciones y la legitimación de los títulos de propiedad, la falta de servicios mínimos (médicos, electricidad, telégrafo, teléfono...), el analfabetismo y el régimen oligárquico que perpetuaba estas condiciones, reacio a los cambios. Todo ello lo podíamos ver en el excelente análisis que Luis Bello pudo hacer cuando visitó Santiago de la Espada. El empeño que puso Luis Bello en solucionar la problemática particular de Santiago de la Espada no parece que surtiera efecto en Madrid, pero Luis Bello no sería el único que reaccionaría contra la postración y la marginación a la que ese cúmulo de fatalidades condenaba a los santiagueños y otros núcleos rurales de la Sierra de Segura.
 
Avanzando el siglo XX, a finales de los años 20, la situación para el vecindario apenas había cambiado: los caciques locales controlaban el precio de la lana, acaparando la producción de los pastores; las condiciones del suelo no eran las más adecuadas para el cultivo en una gran parte del territorio (salvando las vegas); el problema de la propiedad estaba sin resolver (todavía hoy en día lo está); el vecindario más menesteroso se veía obligado a buscarse el jornal en la recogida de aceituna, trasladándose temporalmente a la comarca de La Loma o a la del Condado... Y una cuadrilla de usureros locales sin escrúpulos se estaba lucrando a costa de las necesidades del prójimo, prestando dinero con un interés que iba del 12 al 42% (todo un abuso)... Por esta época que decimos, a finales de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, 250 familias de Santiago de la Espada se habían visto forzadas a emigrar a Francia.
 
El cuadro era bastante desazonador, Santiago de la Espada y otras localidades de la zona: Pontones, Hornos, Segura de la Sierra seguían sufriendo la multisecular marginación con todo el séquito de sus miserias materiales y morales. Será entonces cuando emerge en el horizonte local una iniciativa que vendrá a actuar como revulsivo, que movilizará a gran parte de la vecindad en la lucha legítima por conquistar una vida mejor, esa experiencia histórica hoy prácticamente olvidada fue el Sindicato Agrario Católico de Santiago de la Espada, que ha sido estudiado por el profesor Eduardo Araque Jiménez, de la Universidad de Jaén.
 
A diferencia de los sindicatos de clase (UGT o CNT) el Sindicato Agrario Católico de Santiago de la Espada fue constituido por activistas católicos procedentes de la Asociación Católica de Propagandistas, impulsada por el que más tarde sería Cardenal Herrera Oria (1886-1968). Aunque apenas conocida, tampoco considerada con rigor, la Iglesia Católica -sobre todo a partir de la encíclica "Rerum novarum" del Papa León XIII- activaba una profunda reflexión social y trazaba líneas de acción para hacer frente al capitalismo que había ido desarrollándose en el curso del siglo XIX; así, la Iglesia empezó a animar toda una Doctrina Social (todavía vigente) y estimulaba a su vez la formación de círculos de obreros católicos, sindicatos y organizaciones obreras y agrarias. En efecto, esta activación eclesiástica surgía como respuesta al capitalismo, así como también era una contestación a los sindicatos de clase que sostenían ideológicamente posicionamientos mucho más beligerantes contra el capitalismo, preconizando la revolución y la liquidación de la propiedad privada.
 
El sindicalismo católico llegó a tener en sus filas, allá en su tiempo más espléndido, unos 600.000 afiliados; estaba bastante extendido en las zonas norteñas de la Península Ibérica y se vertebraba en bastantes federaciones, todas las cuales se articulaban en la Confederación Nacional Católico Agraria (CNCA). En Andalucía, el sindicalismo estaba prácticamente monopolizado por los socialistas de UGT y los anarco-sindicalistas de la CNT, pero sin embargo en la provincia de Jaén se fue abriendo camino este sindicalismo católico que llegó a cosechar no sólo afiliados, sino éxitos indudables como el obtenido por el sindicato de Villargordo. Esta organización sindical llegó a adquirir -por compra-venta,no por expropiación ni violencia alguna- unas 365 hectáreas propiedad del Marqués de Linares en el año 1920: el sindicato fraccionó esta finca en 303 parcelas que procedió a adjudicar a sus sus afiliados; con estas medidas pacíficas que rehusaban toda violencia se iba efectuando una lenta, pero efectiva y tan necesaria reforma agraria. Más tarde, los de Villargordo irían comprando más tierras a otros terratenientes, como el Marqués de Mondéjar. La experiencia de Villargordo sentaba un magnífico precedente para que el sindicalismo confesional se propagara.

Los sindicatos de clase, marxistas o libertarios, miraban con malos ojos a los sindicatos católicos y los tachaban de complicidad con los capitalistas pero, a decir verdad, aunque hubo tendencias a establecer vínculos con los potentados, el sindicalismo católico tuvo hombres capaces de imprimirle una dirección bastante independiente. Por ejemplo, Antonio Monedero Martín que nació en Dueñas (provincia de Palencia) el año 1872, fue uno de los exponentes más notables del sindicalismo católico de estas fechas; por ejemplaridad obrerista rechazó el título nobiliario de Vizconde de Villandrando y se afanó con coraje a organizar el sindicalismo católico a favor del pequeño campesinado español: en un momento de la historia de este sindicalismo, cuando otros compañeros del palentino propusieron ligar la CNCA a algunos grandes terratenientes, con el pretexto de que estos podían financiar el sindicalismo agrario, Antonio Monedero se opuso rotundamente por considerar que esto sería poner a los sindicalistas más pobres a merced de los terratenientes.

En el caso de Santiago de la Espada también se muestra que el Sindicato Agrario Católico actuaba a favor de los más débiles, entrando en conflicto con las oligarquías locales y hasta con la burocracia y la tecnocracia que defendía los intereses del Estado sobre los de la comunidad.

El Sindicato Agrario Católico de Santiago de la Espada comenzó su andadura el mes de mayo del año 1928. Sus fundadores fueron dos militantes del sindicalismo católico español: el Padre Juan Francisco Correas y el abogado manchego, residente en Úbeda, D. Eleesbaan Serrano Rodríguez. El P. Correas procedía de los propagandistas de Herrera Oria, colaborando en el periódico de éste "El Debate", a la vez que desplegaba una ímproba labor de fundación de organizaciones sindicales católicas. Eleesbaan Serrano era un católico anti-liberal que también colaboraba en prensa y hasta escribió una novela en la que ridiculizaba al caciquismo de la restauración canovista. Eleesbaan Serrano había participado en la experiencia del sindicato católico de Villargordo y en mayo e 1928 vino a Santiago de la Espada para tratar de impulsar una profunda reforma en la Sierra de Segura, también participó en la implantación de esta organización agraria confesional D. León Carlos Álvarez Lara (natural de Castillo de Locubín) que, abogado y periodista, llegó a engrosar las filas del Partido Agrario. El sindicato de Santiago fue presidido por un santiagueño, D. Patricio Ruiz Delgado y como consiliario tuvo al párroco de la villa, a la sazón D. Juan María Torres Pérez.

El Sindicato Agrario Católico empezó a buscar la forma de romper la dependencia económica que los vecinos más desfavorecidos de Santiago tenían con los prestamistas locales. Éstos habían puesto a la vecindad más necesitada bajo intereses desproporcionados; para quebrar esas "amistades peligrosas", el Sindicato Agrario Católico de Santiago  solicitó a donde procedía hacerlo un crédito de 50.000 pesetas de la época y el Servicio Nacional del Crédito Agrícola le concedió tal crédito, que el mismo Sindicato repartió entre sus afiliados a un interés anual del 6%, desbaratando así el suculento negocio que hacían los prestamistas. El Sindicato también se involucró en el mercado de la lana y puso en contacto directo a los productores ganaderos locales con las casas de compradores, de este modo se puenteaba a los acaparadores locales (el alcalde y el teniente alcalde) que, al ser los mediadores, pagaban menos a los ganaderos de ovino del pueblo, lucrándose desorbitadamente de esa mediación. El Sindicato también puso a disposición de los vecinos que se desplazaban a La Loma y al Condado un sistema de préstamos más justo y ventajoso que el que estaban forzados a emplear, dependiendo de los usureros, cuando tenían que acopiar alimentos para irse a recoger durante una temporada la aceituna fuera de su domicilio.

Como cabe imaginar estas intervenciones fueron aplaudidas por sus beneficiarios, pero no tuvieron que agradar a cuantos (acaparadores de lana y prestamistas) se habían lucrado con antelación a la llegada de este Sindicato. Pero el Sindicato Agrario Católico no sólo desmoronó los negocios tan lucrativos que hacía una minoría a costa del Bien Común, sino que también entró en conflicto con los Ingenieros de Montes, los tecnócratas que tenían como principal cometido el amparo de los derechos del Estado sobre los montes de la Sierra de Segura y que eran el flagelo de los roturadores más modestos, los cuales sufrían el hostigamiento de los forestales a instancias de las férreas leyes de Montes. El Sindicato Agrario Católico removió Roma con Santiago, yendo incluso hasta Madrid, para reclamar los derechos de propiedad de muchos vecinos, después de recopilar toda la documentación pertinente de los particulares, para hacerla valer en los entes públicos. Pero, aunque se lograron algunos objetivos, como -por ejemplo- que autoridades diversas tuvieran que formar Comisiones para estudiar el caso de Santiago de la Espada y de otras localidades de la Sierra de Segura, los acontecimientos históricos echaron por el suelo todos los esfuerzos del Sindicato Agrario.

La dictadura de Miguel Primo de Rivera expiró, la dictablanda de Berenguer pasó rápida como un relámpago, llegó la II República y, aunque parece que trató de hacer algo por paliar la situación de Santiago de la Espada, el clima de tensiones frustró las expectativas. Estalló la Guerra Civil en 1936 y las justas demandas de Santiago de la Espada y de la Sierra Segureña volvieron a ser olvidadas en el fragor de las batallas y las represiones de retaguardia.

A pesar de sus esfuerzos, el Sindicato Agrario Católico desapareció y sus miembros más destacados, como es el caso de su consiliario, el Padre D. Juan María Torres Pérez fueron víctimas de las atrocidades de la Guerra Civil, sin considerar todo lo que habían peleado por la mejora de las condiciones de vida de los vecinos de Santiago. Así, al poco de estallar la Guerra Civil, el P. Juan María huyó de la localidad, vagó por los montes y decidió regresar a Santiago. En Santiago fue detenido y se le trasladó a la Prisión Provincial, fue juzgado por el Tribunal Popular y se le condenó a muerte, siendo ejecutado en Jaén.



BIBLIOGRAFÍA:

ARAQUE JIMÉNEZ, Eduardo, "El Sindicato Agrícola Católico de Santiago de la Espada. Primera aproximación." revista ELUCIDARIO, nº 7 (marzo de 2009)


LÓPEZ PÉREZ, Manuel, "LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN LA PROVINCIA DE JAÉN 1936-1939", Obispado de Jaén, 2010. p. 485"
 
 

martes, 31 de mayo de 2016

SANTIAGO DE LA ESPADA HACE CASI CIEN AÑOS:

Luis Bello
 
 
EN EL "VIAJE POR LAS ESCUELAS DE ESPAÑA" DE LUIS BELLO
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
Casi cien años han pasado desde que Luis Bello visitara Santiago de la Espada. Su visita se plasmó en uno de los artículos que Bello escribió sobre la realidad de la escolarización y alfabetización de la España de su época. En el transcurso del tiempo la figura de este periodista y político español se ha desdibujado, por lo que será oportuno ofrecer siquiera un perfil biográfico de este comprometido y activo intelectual regeneracionista y noventayochista, pues así ha sido clasificado: como un miembro de la Generación del 98, aunque de esos que quedaron en un segundo plano (como Ricardo Baroja, hermano de Pío, Manuel Bueno, Ciro Bayo, etcétera.)
 
PERFIL BIOGRÁFICO DE LUIS BELLO
D. Luis Bello Trompeta nació en Alba de Tormes el 6 de diciembre de 1872. Se licenció en Leyes por la Universidad Central de Madrid y fue pasante en el bufete de D. José Canalejas. Se aplicó pronto a la actividad periodística, colaborando con la prensa de la época, como el HERALDO DE MADRID, o siendo corresponsal en París para el periódico ESPAÑA. Fundó también dos revistas: CRÍTICA y REVISTA DE LIBROS, ocupó la dirección de Los Lunes de EL IMPARCIAL y también fue director, hasta que estallaron las disensiones políticas con el propietario del medio, del periódico republicano LUZ. Su formación intelectual debe mucho a la Institución Libre de Enseñanza y también sabemos que colaboró estrechamente con el filósofo José Ortega y Gasset, siendo uno de los firmantes del manifiesto LIGA DE EDUCACIÓN POLÍTICA que lanzó el filósofo español. En política fue un hombre liberal de signo republicano, del partido Acción Republicana, siendo diputado a Cortes de 1916 a 1917, de 1931 a 1933 por segunda vez y, por último, de 1933 a 1935. En 1934 fue detenido en Barcelona, bajo la acusación de complicidad con la Generalitat contra el gobierno Lerroux. Murió el 6 de noviembre de 1935 en Madrid.
Luis Bello escribió algunos libros: "España durante la Guerra" (sobre la Primera Guerra Mundial), "Ensayos e imaginaciones sobre Madrid", "El tributo a París" y, el más importante tal vez, su "Viaje por las Escuelas de España"; es en esta obra en donde abordó la situación social y escolar de muchas regiones de España, ocupándose del caso de Santiago de la Espada.
El tema que aborda es modesto (la escuela, el maestro y el niño en aquella España), pero la motivación es manifiestamente regeneracionista, a la manera de Joaquín Costa que había sintetizado la regeneración de España en "Escuela y Despensa"; también está muy presente el espíritu institucionista de Francisco Giner de los Ríos que encontramos en el mismo método de trabajo del que se sirve Luis Bello para ofrecer su colección de artículos sobre el tema: no se trata de especulaciones producidas en una biblioteca ni sus artículos son fruto de ningún laboratorio de ideas: Luis Bello recorre los caminos de España realizando una encuesta sobre el mismo terreno y, a la vez, expone la desalentadora realidad que encuentra, denunciando los abusos del caciquismo y el analfabetismo endémico que padece la mayoría de la población. Bello llegaba a los pueblos, se entrevistaba con las "fuerzas vivas", visitaba las escuelas, hablaba con los maestros, preguntaba a los alumnos, estudiaba la geografía y la historia local y ofrecía un informe que quería concienciar a las elites gobernantes de la urgencia de reformar el sistema de enseñanza. Cada caso que mereció su estudio fue expuesto en artículos que se publicaron en el diario EL SOL durante el año 1922, pero que con fecha posterior (año 1926) se vieron impresos en volumen.
El caso de Santiago de la Espada lo tratará concienzudamente en el capítulo que titula "Santiago de la Espada. Informe público sobre las causas de un famoso 92'8 por 100". El 92'8 % es el porcentaje de analfabetismo que diagnosticó Luis Bello y que, junto al caso de Casarabonela (Málaga) le parecieron los más graves de toda la geografía española, llegando a calificarlos como "crestas del analfabetismo". En su artículo "Noticia de Luis Bello (1872-1935) y de su libro 'Viaje por las escuelas de España'" Josefina Rojo Ovies que ha profundizado en la gran labor de este regeneracionista olvidado dice que "El viaje por Andalucía [de Luis Bello] es lento y minucioso, visitando los lugares más insignificantes..."
 
Cuando Luis Bello llega a Santiago de la Espada ha estado con anterioridad en Pontones, siguiendo su itinerario. En Pontones se había encontrado con dos maestros de origen vasco: los guipuzcoanos Victoriano Aguado y Virginia Alonso que eran matrimonio. Victoriano, además de maestro de escuela, tenía fama de buen tirador con la escopeta, con lo que se había ganado el respeto de sus vecinos. En Pontón Bajo halló a Pedro Ávila del Moral, maestro granadino con 16 años de servicio a sus espaldas. El secretario del Ayuntamiento de Pontones le dijo a Luis Bello: "Aquí no necesitan saber escribir más que mi hijo y el hijo del señor Alcalde", lo cual suena a toda una cínica declaración de principios en la que se perpetuaba una administración que miraba a su propia ventaja con total desprecio de la suerte del resto de la población.
Y eso sería, más o menos, lo que Bello se encontró en Santiago de la Espada. Nos lo describe él mismo: "Yo quise abrir información apenas me limpié el barro del camino, preguntando ante todo a los maestros; pero el único que había acababa de salir con licencia". Las cifras de analfabetismo eran abrumadoras. En 1920, de 8.282 habitantes en Santiago de la Espada solo 590 sabían leer: diez de cien varones y cuatro de cada cien mujeres sabían leer. Si la cifra es terrible, es de nota el analfabetismo femenino.
El estudio de Luis Bello no sólo registra la realidad, sino que se pregunta por las razones de esta lacra del analfabetismo, atendiendo a las circunstancias concretas de cada localidad que examinaba.

En el caso de Santiago de la Espada Luis Bello encuentra cuatro claves para comprender esta situación. Sin ánimo de exhaustividad vamos a ofrecer un breve comentario que resuma los argumentos con los que Luis Bello explica (sin nunca justificarlo) esta situación de analfabetismo clamoroso:
 
1º CLAVE: GEOGRÁFICA
 
Cuando Bello pasa por Santiago el censo arroja unos 2.000 habitantes en la villa y más de 6.000 en otros núcleos del extenso término, siendo los más poblados Miller (más de 400), Las Matas, Las Gorgollitas, La Toba (con más de 200) y unos catorce o quince aldeas más -nos dice- venían a superar el centenar de vecinos. La villa de Santiago no tenía luz eléctrica ni podía llevarla, por lo tanto, a estos núcleos rurales dependientes de la villa. Tampoco había caminos cómodos que comunicaran las aldeas con Santiago, dadas las distancias y accidentes del terreno. Había dos médicos con residencia en Santiago y "cuando envían a avisarles con urgencia en el tiempo de frío (...) el enfermo tiene lugar para curarse él solo o para morirse. Y en este último caso se va al otro mundo sin los auxilios espirituales, porque tampoco hay cura". Por aquellas fechas, el medio general de vida es el pastoreo trashumante. En las cuevas de Engarbo se encuentra con Casto, un labrador de aquel lugar, con sus cuatro hijos que, según Luis Bello: "podrían ir en representación de Sierra Segura a una Fiesta de la Raza, eugenésica. No. No tiene culpa la raza. La raza es fuerte, inteligente. Por lo menos a orilla de este río no ha llegado a sufrir miseria fisiológica. País delicioso. Gente buena, aunque nadie sepa leer". Los lugares donde sí encontró casos que delataban una miseria que afectaba a la salud fueron Las Gorgollitas y El Parralejo, en estos núcleos detectó bocio y también denuncia que la tuberculosis se cebaba con los habitantes de aquellos lugares: "Viven esos serranos hacinados y revueltos en habitaciones sin luz y sin aire (...) El desorden de la alimentación y su falta de higiene les origina trastornos constantes".
A Santiago de la Espada... "Son causas humanas las que lo hacen inhabitable. Por su extensión, por el número de pequeños poblados y por la distancia de ellos a la ciudad (...) Baste ahora con saber que, de esa población dispersa, muchos centenares de hombres y de muchachos en edad para salir al monte, son pastores. Quiere decir que, por sí mismos, nunca podrán variar la condición de sus aldeas". 
 
2º CLAVE: HISTÓRICA
 
Bello apenas cuenta con fuentes bibliográficas que le permitan un conocimiento histórico de Santiago de la Espada, pero las que tiene a mano las aprovecha muy bien y extrae de ellas otra razón por la cual Santiago de la Espada sufre el flagelo del analfabetismo y su consecuente atraso. Lo que destaca Bello de la historia local de Santiago es la confusión de jurisdicciones que, a lo largo de la historia, ha sufrido este pueblo debido a su emplazamiento: distante de cualquier capital que pueda atenderlo como se merece. Las distancias y la altura en la que se encarama lo hace casi inaccesible: "Era villa del rey, por venir de la Orden de Santiago, pero pagaba décimas al Priorato del convento de Uclés. En Cortes hablaba por ella Murcia. Dependió para lo judicial de la cancillería de Granada y para lo eclesiástico del obispado de Cartagena (...) Y cuando entró bajo un solo poder, fué éste el de Jaén, a veintiuna leguas (...) Ya he dicho cómo atiende Jaén [defectuosamente] sus propias instituciones de cultura. ¿Qué iba a hacer con Hornos, con Pontones y con Santiago de la Espada?".
3º CLAVE: ECONÓMICA, EL RÉGIMEN DE PROPIEDAD
Uno de los problemas más graves que se daban en Santiago de la Espada y otros pueblos de la Sierra era el provecho del bosque que, prácticamente, tenía enfrentados al Cuerpo de Montes (celoso custodio de los intereses del Estado) y a los lugareños que, ya para sobrevivir o bien aprovechándose de las circunstancias actuaban fuera de la legalidad vigente: unos se exponían a las penas y otros, más vivos, se hacían ricos: bastaba audacia y chanchullos; esto suponía la deforestación y roturación de los terrenos del Estado que, más tarde, los más listos se apropiaban procurando titularlos a nombre propio aprovechándose del vacío legal. A esa minoría de atrevidos pudientes -en palabras de Bello: "Lo único que le interesa es asegurarse, ganar todas las garantías, legitimarse (...) Cuando yo llegué a Santiago de la Espada encontré gentes que me oían hablar de escuelas y de caminos; pero pronto vi que les preocupaba otra cosa. Por fin, a última hora, me confiaron copia de una instancia que elevaban al presidente del Consejo varios vecinos. ¿Qué pedían? Lo sustancial: la legitimación. Ese era el problema de ellos, de los propietarios a medias, con título vergonzante. El problema del pueblo, tal como lo encontré, era de escuelas y de caminos". Salta a la vista aquí el divorcio entre los intereses de la minoría dominadora y el interés del Bien Común.
En este punto, Luis Bello se aparta de retóricas liberales y va al fondo de la cuestión: "A las Cortes de Cádiz se debe el primer desorden y la más desatada confusión. Aplicaron revolucionariamente, con buen deseo, el criterio de libertad y derogaron las leyes y ordenanzas relativas a montes particulares (...) Partiendo de este error fundamental, la Revolución, como podrá suponerse, no favoreció al pueblo. Con la ley y con la francesada, quienes se aprovecharon fueron unos cuantos audaces, que no sólo cortaron sus montes, sino los marginales. Del río revuelto salieron propietarios nuevos, y sufrieron aquellos bosques una formidable embestida."
4º CLAVE: AISLAMIENTO E INCOMUNICACIÓN
Bello también considera la inaccesibilidad y la falta de comunicaciones para explicarse el aislamiento que sufre Santiago. Pero no todo se puede atribuir a la dificultad natural de abrir vías que faciliten el acceso a estas cumbres. La indiferencia de las administraciones, lo mismo la provincial que la del gobierno central, abandonan a su suerte a esta bella sierra, donde habitaban gentes buenas, pero atrasadas y como al margen de la civilización. "No han sabido reunirse para montar una fábrica de electricidad. No han hecho por su cuenta un puente que sustituya al que no les quieren construir. No han intentado convertir en caminos las veredas que llevan a todas sus aldeas y cortijadas (...) Unos por egoístas y otros por mansos de espíritu, soportan una vida inverosímil, aislados del mundo y demasiado pobres hasta los más ricos".
Para Luis Bello estaba claro que a casi nadie (ni a propios ni a extraños) parecía importarle conectar Santiago de la Espada con otros núcleos de población, mayores o menores que el mismo Santiago de la Espada. En ello no sólo había un olímpico desdén por lo que ocurriera en estas alturas, sino que también había de por medio el interés más egoísta por parte de algunos naturales, la oligarquía local: "Santiago de la Espada, tan mansa, se ha mantenido en régimen oligárquico independiente. Quiere decir que el encastillamiento sirve a esta oligarquía para dominar a los de dentro. Aislarlos, administrarlos, hacerlos trabajar... Mantenerlos en su santa ignorancia...".

Fueron las constantes a la luz de la historia de Santiago de la Espada: un pueblo alejado de los centros de poder que, durante el siglo XIX, con el liberalismo sufre como nunca una leyes que no entiende (nadie podía entender que tomar leña del bosque pudiera ser delito; pero por las leyes liberales esa acción se había convertido en ilegal); una minoría de medradores -no de nobles, no de clérigos-, sino una minoría de oligarcas hicieron sus respectivas fortunas talando la Sierra, sirviéndose de roturadores subordinados que, tal y como nos los pinta Bello: "Son más bien roedores de un queso que acaba por llevarse otro". A esta oligarquía no le interesa que Santiago de la Espada estuviera comunicado ni tampoco le importaba lo más mínimo elevar la cultura del pueblo, al que entendía como una masa sometida a sus caprichos. Son las lacras del caciquismo: la expresión más brutal del egoísmo de clase.
La solución que propone Luis Bello a esta situación es: "Escuelas, caminos y otro régimen de la propiedad, fundado, no en las autorizaciones -que deben resolverse de una vez en justicia-, sino en el aprovechamiento comunal".

Nos parece que es de justicia reconocer el artículo que Luis Bello dedicó a la situación de la enseñanza en Santiago de la Espada y su vasto término municipal. Muy pocos se tomaron la molestia de conocer sobre el terreno las necesidades de nuestros pueblos: era más fácil pontificar desde la tertulia de una cafetería madrileña o desde la misma tribuna del Congreso de los Diputados, como hoy resulta tan cómodo criticar por internet las más diversas situaciones y no hacer mayor cosa por corregir lo que va mal. El artículo de Luis Bello constituye todo un memorándum que levanta acta de las más urgentes necesidades económicas, sociales y educacionales que tenía Santiago de la Espada en la primera mitad del siglo XX.
Podríamos, cien años después, comparar la situación de aquel Santiago de la Espada de otrora con el Santiago de la Espada de nuestro presente. Podemos decir que se ha ganado terreno al atraso: escuelas, institutos, mejores comunicaciones... Pero todavía quedan muchas cosas que mejorar y, aunque se le haya vencido a la bestia del analfabetismo y aunque parezcan erradicadas otras lacras de aquellas fechas, tenemos que tener en cuenta que siempre -siempre- hay cosas que podemos optimizar.

martes, 24 de mayo de 2016

BEN ABIL JISAL, EL SEGUREÑO



Tuareg actual, con el rostro tapado como los almorávides lo solían llevar


UNO DE LOS SABIOS DE AL ANDALUS NACIÓ EN TIERRAS DE SANTIAGO DE LA ESPADA


Manuel Fernández Espinosa



El 30 de julio del año 1086 el emir almorávide Yusuf Ben Tasufin (1019-1106) desembarca con sus aguerridos almorávides en Algeciras. La presión que ejercían los reinos cristianos sobre las taifas musulmanas impulsó al reyezuelo de Sevilla, Al Mutamid, rogar la intervención de los almorávides africanos, tras la reconquista cristiana de Toledo (el 25 de mayo de 1085) a manos de Alfonso VI (1040-1109.)
 
Los almorávides eran el resultado de la unión de algunas tribus nómadas del desierto que preconizaban el rigorismo islámico y la guerra santa, constituyendo una suerte de monjes-soldados musulmanes que incluso se vinculaban entre sí en las "rábitas" (fortalezas-monasterios). El término "almorávide" es la castellanización del arabismo "al-Murabitun" (que viene a significar los que se atan para combatir), pero también fueron denominados por sus correligionarios musulmanes andalusíes bajo el nombre de "al-mulathimun" (los del rostro velado, cubierto hasta los ojos -por la costumbre que adoptaron y que, todavía hoy, sigue vigente entre los tuaregs del desierto.)
 
La beligerancia de los almorávides los precedía y los musulmanes andalusíes, reblandecidos y apenas con resuello para plantar cara a las huestes cristianas que avanzaban imparables, los reclamaron para que vinieran a la Península Ibérica y, así, con su presunta bravura que los almorávides pusieran freno a la reconquista cristiana.
 
El 4 de diciembre de 1072 (año 465 de la Hégira) nació Abu Abd Allah Ben Abil Jisal, un musulmán andalusí. Ben Abil Jisal abrió los ojos ese día en la antigua Furgalit; este topónimo arabizado se corresponde con lo que en la actualidad es la aldea de Las Gorgollitas (que, como es sabido, se ubica en el término municipal de Santiago de la Espada.)
 
Abu Abd Allah Ben Abil Jisal, conocido también como "Al Ashagurí" (el Segureño), mostró precozmente un inusitado interés intelectual por lo que marchó a estudiar a Jaén (entonces llamada Yayyan); allí parece que estudió bajo la guía -entre otros eximios maestros- del cadí (juez musulmán) Abu l'Hassan Ben malik al-Ya'miri, natural de Úbeda. Más tarde, Ben Abil Jisal pasaría a Córdoba que, por aquel entonces, todavía era centro capital de al Andalus, donde desarrollaría su actividad como "katib" (secretario); a la vez compaginaba su secretariado con la labor docente que ejercía en su mismo domicilio. Fue un hombre muy instruido, el último sabio de al Andalus afirman algunos autores musulmanes de su época; y no sólo destacó en jurisprudencia islámica, sino también en otras ramas del saber. Cabe el mérito de haberlo descubierto a la profesora Aishah Mubarak, de la Universidad de Kuwait: Mubarak ha sido la que ha estudiado más a fondo la producción literaria de Ben Abil Jisal que, prácticamente, se encuentra toda ella inédita: la conforman cartas manuscritas, así como fragmentos de poemas que se han conservado en obras de otros autores musulmanes posteriores. La investigadora ha localizado las obras de Ben Abil Jisal en la Biblioteca General de Rabat y en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
 
Ben Abil Jisal llegó a ser secretario del mismo emir almorávide, el más arriba mencionado Yusuf Ben Tasufin, pero el mismo Ben Abil Jisal se convierte en un testimonio de las diferencias insuperables entre los musulmanes de la Península Ibérica y los almorávides africanos. Tras la derrota infligida por Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, a los almorávides en Cullera (cerca de Alcira), corriendo el año 1129, nuestro insigne segureño andalusí redacta una carta extremadamente dura contra los almorávides, donde los insulta de este modo:
 
"Hijos de mala madre, huís como los asnos salvajes (...) Ha llegado la hora en que os vamos a dar largo castigo, la hora en que ningún velo seguirá tapándoos la cara, en que os echaremos a vuestro Sáhara y en el que lavaremos al Andalus de vuestra inmundicia".
 
Nótese que Ben Abil Jisal alude a la costumbre almorávide de velarse el rostro, cuando dice "ningún velo seguirá tapándoos la cara".
 
Esta acerba carta contra los almorávides africanos le valió al andalusí, como no podía ser menos, la destitución de su cargo, pero a la vez pone de manifiesto que los musulmanes peninsulares no hacían buenas migas con los musulmanes africanos; los andalusíes eran mucho más cultos y tolerantes, mientras que las oleadas venidas de África (lo mismo almorávides como, más tarde, almohades) eran mucho más intolerantes, así como también mostraron un afán de rapiña desmesurado. Esta tensión entre musulmanes peninsulares y africanos fue una constante desde los primeros tiempos de la invasión y ocupación de España (año 711) que, por ejemplo, tiene un ilustrísimo predecente en Omar Ben Hafsún (musulmán de origen hispano-godo que lideró la rebelión contra el Emirato Omeya de Córdoba en fecha tan temprana como el año 918 y que, para postre, terminó apostatando de la fe coránica y bautizándose cristiano.)
 
Ben Abil Jisal también cultivó con finura la poesía: los pocos versos que hemos encontrado pertenecen a su obra "La antorcha de la literatura" y dicen así:
 
 
Contempla el fuego que parece una danzarina
Que agita las angas de su túnica en la emoción del baile
Y que ríe orgullosamente del ébano del que procede
Al ver transformada su esencia en oro.
 
La abierta oposición del segureño Ben Abil Jisal a los almorávides le costó la vida en la fitna (guerra intestina entre musulmanes) el sábado 28 de mayo de 1146. Lo mataron en Córdoba y sus asesinos fueron los bereberes Masmuda.
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 

viernes, 13 de mayo de 2016

EL RESCATE DE MIGUEL DE CERVANTES






Y LOS PADRES TRINITARIOS DE JAÉN EN LA VIDA DE CERVANTES


Manuel Fernández Espinosa


En el presente año 2016 se celebra el IV Aniversario de la muerte de D. Miguel de Cervantes Saavedra. Las relaciones de Cervantes con Jaén no son pocas: sabemos que anduvo por los caminos de nuestra provincia y hasta hay localidades en las que se sabe por las que pasó, cobrando impuestos, como por ejemplo Lopera. Tampoco es de extrañar que visitara el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Sierra Morena, de cuya romería da cuenta en su novela, menos conocida que el "Quijote", titulada "Los trabajos de Persiles y Sigismunda"; en esta misma novela también habla de la reliquia del Santo Rostro que se adora en la S. I. Catedral de Jaén capital.
 
Un tema que está estudiado, pero que se conoce menos es que fueron dos padres trinitarios (uno de ellos era del Reino de Jaén) los que hicieron el gran servicio de rescatar a Cervantes de su prisión en Argel. Como todo el mundo sabe, cuando Cervantes regresaba de Nápoles a España, en la galera SOL, unos piratas berberiscos tomaron al abordaje -el 26 e septiembre de 1575- esta embarcación en la que iban como pasajeros Miguel y su hermano Rodrigo y, aprisionándolos, los redujeron a la esclavitud. Cuando le hallaron ciertas cartas de personalidades destacadas, sus captores entendieron que Cervantes era un personaje más importante de lo que en ese momento lo era y pidieron un rescate a cambio de su libertad.  En 500 ducados de oro se cifró el precio para devolverle la libertad a Cervantes.
 
Fue entonces cuando intervino la orden religiosa de los Trinitarios, que son custodios -entre otros enclaves de arraigada devoción mariana- del Santuario de la Virgen de la Cabeza y del de Nuestra Señora de la Fuensanta de las Cuatro Villas (Villanueva del Arzobispo, Villacarrillo, Iznatoraf y Sorihuela de Guadalimar).
 
 
La Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos (Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum) fue suscitada por Dios en Francia, por medio de San Juan de Mata (1154-1213) y San Félix de Valois (que falleció el año 1212) que, advertidos de la situación que se producía en España, instituyeron esta Orden religiosa para rescatar a los cristianos que en España eran secuestrados por los musulmanes que todavía ocupaban parte de España. La orden fue aprobada por Su Santidad Inocencio III en 1198 y el Rey Fernando III el Santo le concedió muchas prerrogativas en las tierras recién reconquistadas de las Andalucías. Nada más reconquistada Andújar llegaron los Trinitarios a ella. Los colores que constituyen su Cruz distintiva son muy simbólicos: la Cruz por la que se distingue a los Trinitarios está sobre fondo blanco (que representa la pureza de Dios Padre), el brazo vertical es rojo (por el sacrificio de Dios Hijo) y el brazo horizontal es azul (que recuerda la constante asistencia de Dios Espíritu Santo) Aunque los Reyes Católicos concluyeron la Reconquista con la toma de Granada en 1492, los Padres Trinitarios todavía continuaron rindiendo servicios a la cristiandad, dada la amenaza de los piratas del norte de África que siguieron hostigando las costas españolas con sus incursiones; en estos ataques no pocas veces resultaban secuestrados los cristianos que, llevados a tierra de mahometanos, eran allí vendidos como esclavos. Fue el caso de Miguel de Cervantes.
 
La familia de Cervantes en España, conocedora de la suerte de Miguel y su hermano Rodrigo, no tenía tanto dinero como para pagar el rescate impuesto por los piratas. En un primer momento pudieron allegar dinero con el que rescatar a Rodrigo, pero Miguel seguía todavía prisionero y esclavo de un griego convertido al islam que lo había comprado en Argel y estaba pronto para partirse a Estambul (antigua Constantinopla). Sin embargo, los Padres Trinitarios intervinieron providencialmente pagando los 500 ducados de oro que pedían sus raptores por Cervantes.
 
Los encargados de hacer este gran servicio a la cultura española y universal fueron Fray Antonio de la Bella, Padre Maestro el Convento de Trinitarios de Baeza, y el Padre Fray Juan Gil.
 
Fray Juan Gil había nacido el 25 de noviembre de 1535 en Arévalo y tomó los hábitos en su misma ciudad natal. Estudió en Valladolid y en Salamanca y en 1571 fue nombrado Secretario Provincial de Castilla y en 1578 era Procurador General de España. En 1579 había estado en América, recaudando fondos para rescatar cautivos. En 1580, acompañado por Fray Antonio de la Bella, viajó hasta Argel para comprar la libertad de 186 cautivos, entre ellos Cervantes. Falleció el Padre Gil en Arévalo corriendo el año 1604.
 
Fray Antonio de la Bella nació en Baeza y allí era el Padre Maestro del Convento de Trinitarios. Ambos Padres Trinitarios llegaron a Argel, pero Hassan -el "dueño" de Cervantes- dobló la cantidad de ducados montando 1.000. Más tarde rebajó la cifra por presiones de las circunstancias, no por entrar en razón. El 19 de septiembre de 1580, después de empeñarse el Padre Juan Gil, pidiendo prestado para sumar la cantidad exigida, los trinitarios lograron el rescate de Cervantes.
 
Así fue como dos frailes, uno de Ávila y otro de Baeza, rescataron al que sería el autor de la novela más leída del mundo entero: "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha". Miguel de Cervantes, agradecido por aquel favor, siempre recordó con gratitud su redención por los esfuerzos de los Padres Trinitarios y en no pocas de sus obras mencionará las desventuras de los cautivos en Argel y la gran labor que efectuaron los Trinitarios en salvar a cuantos cristianos pudieron, a veces canjeándose a sí mismos para liberar a otros.