martes, 7 de marzo de 2017

AUDREY HEPBURN: LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA DE UNA DIVA COMO EJEMPLO




8 DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

 Juan Pedro Robles Fernández 



A menudo nos acostumbramos a ver de pasada la vida y analizar con excesiva frialdad y ligereza los hechos. Nos quedamos con el brillo y poco con el esfuerzo para conseguir ese brillo.

Audrey Hepburn representa junto con Grace Kelly y pocas más el glamour hollywoodiense en su época dorada. Vacaciones en Roma, por ejemplo, es una de las mejores producciones de Hollywood.

Podría parecer que la vida de una de las principales actrices de Hollywood fue un camino de rosas y no fue así. La infancia y niñez de Audrey Kathleen Ruston es ejemplo para muchos de nuestros actuales adolescentes. Un ejemplo al esfuerzo, el trabajo, y el optimismo frente a la desazón, pese a las circunstancias realmente duras que vivieron durante la 2ª Guerra Mundial, sin un triste bocado que llevarse a la boca. La mala alimentación durante la guerra hizo estragos en su constitución de por vida. Aun así, la educación severa y victoriana que recibió le hizo que nunca se quejara en público y redoblara los esfuerzos hacia los demás: “De pequeña me enseñaron que era de mala educación llamar la atención y que jamás de los jamases debía ponerme en evidencia. Todavía me parece oír la voz de mi madre diciéndome “sé puntual”. “Acuérdate de pensar primero en los demás”. “No hables demasiado de ti misma”. “Tú no eres interesante, son los demás los que cuentan”.

Audrey Kathleen Ruston nacía un 4 de mayo de 1929 en Bélgica. Era hija de la baronesa holandesa Ella van Heemstra y del segundo marido de ésta, el inglés Joseph Víctor Anthony Ruston. “Los nacidos en sábado trabajan para ganarse la vida” dice la tradición. La pareja se había conocido en la Indonesia. En aquella época en Batavia, en las indias orientales holandesas, había un floreciente comercio.

Ella van Heemstra procedía de la vieja aristocracia holandesa hija del barón Aarnoud van Heemstra gobernador de la Guayana holandesa (Surinam). No tuvo suerte con su anterior matrimonio y pronto se vio separada de él, con 25 años sólo y dos hijos. Disponía de algunos recursos económicos y era dueña de una parte de las propiedades familiares. Las islas holandesas en la actual Indonesia le ofrecían un lugar floreciente económicamente.

Ella van Heemstra se casó allí con Joseph Víctor Anthony Ruston, su segundo marido, con la esperanza de que éste, inglés y vivaz encontraría pronto un cómodo empleo en alguna de las compañías que comerciaban con el viejo continente. La triste realidad fue que “nunca supo conservar un empleo”.  Para Joseph el mayor atractivo de Ella radicaba en su título y por encima de toda la desahogada economía de la familia de Ella. Durante un breve periodo de tiempo la baronesa se sintió orgullosa de su marido, pero pronto vio como un empleo tras otro los iba perdiendo todos, pese a que algunos de ellos les hubiera permitido vivir de una manera bastante cómoda, toda vez que entre los europeos del archipiélago se ayudaban y se repartían los mejores puestos de las empresas que comerciaban en las islas. El motivo de trasladarse a Bélgica fue precisamente ir en busca de un nuevo trabajo que prometía una próspera situación para la familia. La presión y las discusiones de la pareja provocaron que finalmente Joseph se aviniera. Consideraba que Europa era mucho más apetecible que Indonesia y sentía nostalgia de su Inglaterra natal. Así pues, a finales de 1928 la pareja, junto con los dos hijos de la baronesa, se trasladaron a Bélgica vía Inglaterra. El nuevo empleo pronto aburrió a Joseph.

Joseph era amigo y simpatizante de los movimientos fascistas de la época, esto fue lo único que le resultaba interesante y a lo que dedicaba su tiempo y esfuerzos. Joseph no tardó en distanciarse de su mujer y su hija recién nacida en Bélgica. Al mismo tiempo que se iba agotando el dinero de Ella iba desapareciendo en interés por la niña Audrey y su madre. Cuando hubo despilfarrado casi todo el dinero que su suegro, el barón, le había confiado, las abandonó para seguir con sus intereses fascistas en Inglaterra. “Taciturno, poco dado a trabajar, dependiente de su esposa, despectivo de judíos, los católicos y la gente de color, parecía no tener nada en común con Ella y Audrey”.  Nunca mostró el menor tipo de apego por la pequeña niña que había nacido. La reacción de ella ante esta actitud fue la típica de cualquier criatura: “redobló sus esfuerzos para ganarse el amor y la aprobación paternos, desgraciadamente sin resultado”. El abandono de la familia supuso un tremendo trauma que siempre le acompañó a Audrey. Ella van Heemstra nunca se lo recriminó. Educada en la clásica aristocracia germano-victoriana, el decoro y los modales recargados exigía un corazón atemperado. Además, tenía la convicción de que "la dignidad excluía llamar la atención sobre sí misma”. Esa misma educación aristocrática de la baronesa también excluía, por indecoroso, los mimos y cualquier gesto efusivo para sus hijos más allá de un beso de buenas noches. Así pues, la niñez de Audrey fue tremendamente dura creció sin el referente paterno. “Al abandonarnos puede que mi padre me volviera insegura de por vida, resultó terrible, yo estaba aterrorizada. Era como si el suelo hubiera desaparecido bajo mis pies”. “Mi madre albergaba un gran amor, pero no siempre era capaz de demostrarlo”.

De todas formas, Audrey recibió cierto consuelo. Su abuela materna la llevó junto a su madre a Arnhem, a unos 60 kilómetros de Ámsterdam, donde el viejo barón, su abuelo, tenía una casa. Ella van Heemstra creyó que en la neutral Holanda podría estar a salvo de la guerra. Los holandeses creyeron que nunca Alemania atacaría su país, y así vivían en la comodidad de sentirse resguardados. Audrey aprovechó estos años para continuar sus estudios y descubrió que las clases de danza era donde más feliz se encontraba. Un 10 de mayo de 1940 tropas y artillería nazi atravesaron Arnhem incautándose de los bienes locales y apropiándose de lo que consideraban necesario para sostener su maquinaria de guerra. La felicidad finalizó bruscamente para dar paso a los primeros días de incertidumbre. Por el momento, a la familia de Audrey se le permitió permanecer en su hogar ancestral.



Audrey era políglota. En casa había oído hablar inglés y holandés y en la calle el francés. Aunque nació en Bélgica, era ciudadana británica, pues, al nacer, fue inscrita como súbdita británica en la embajada. Además, tenía nombre inglés. La baronesa sagazmente le cambió el nombre. La falsa identidad le salvó la vida y duró mientras fue necesaria, es decir, toda la guerra.

No tardó mucho tiempo para que los alemanes necesitados de artículos para abastecer el ejército, establecieran un estricto racionamiento. Aceite, gasolina, neumáticos, café, té y toda clase de artículos textiles eran productos a los que la población tenían un acceso restringido. Un país que había disfrutado de un envidiable nivel de vida no tardó en quedar sumido en la pobreza y ser víctima de la enfermedad. A medida que la guerra se prolongaba muy pocos pudieron conservar sus valores y propiedades y la tuberculosis azotó a la población con carácter de epidemia.

Al principio, la población trató de mantener la calma, luego, cuando quedó claro que la paz no sería una realidad inmediata, se creó el Consejo de la Resistencia del Reino de Holanda. Por aquella época, Audrey y su familia sufrieron en carne propia la brutalidad del régimen nazi. La resistencia había intentado volar un tren con pertrechos militares y de inmediato los alemanes tomaron represalias en Arnhem. Detuvieron al tío de Audrey, a su prima, a un ayudante del tribunal donde su tío era juez y a varios vecinos. “Yo vi cómo ponían a mis parientes contra un muro y los fusilaban”. Por desgracia, un poco después, también sus dos hermanos fueron descubiertos y deportados a Alemania.

Aunque estaban en guerra, la vida tenía que normalizarse en lo posible y Audrey siguió yendo al colegio donde asistía a clases de danza. Pronto se convirtió en una alumna estelar. Al poco tiempo no sólo actuaba en las clases, sino que con riesgo de su seguridad y propia vida ofrecía espectáculos clandestinos para recaudar fondos para la Resistencia. Las llamaban funciones negras porque las hacían con las cortinas de las habitaciones corridas con escasa luz. Al finalizar, obviamente, nadie aplaudía. Durante estas actuaciones, algunas personas se les acercaban a los niños y junto a pequeñas cantidades de dinero les daban trozos de papel doblados que Audrey introducía en el zapato para posteriormente entregar a los miembros de la resistencia. Mediante un acuerdo previo, se encontraban con ellos en un parque abarrotado, en un tranvía, etc. Sigilosamente a riesgo de ser descubiertos le entregaba el papel. Audrey negó posteriormente cualquier comportamiento heroico, quitándole importancia a lo que sí tenía y mucha: “Era algo normal que los niños holandeses se arriesgaran a morir para salvar la vida de los miembros de la resistencia”.

En otra ocasión, un miembro de la resistencia le contó que había un paracaidista británico escondido en los bosques de Arnhem y que no podía quedarse allí porque los alemanes iban a hacer unas maniobras en la zona. Audrey aceptó sin dudarlo y se internó en el bosque para trasmitirle el mensaje, además era la única que se podría poner en contacto con él puesto que hablaba perfectamente en inglés. Aquel gesto suyo le salvó la vida. A la vuelta, volvía con un ramillete de flores que ofreció a dos soldados que la abordaron. No sospecharon nada y aquel ramo le sirvió de salvoconducto para continuar hacia el pueblo.

Después del desembarco de Normandía los aliados planearon una operación que pretendía asegurar Holanda. El plan consistía en lanzar treinta y dos mil hombres en paracaídas. Era la operación Market Garden. Sin embargo, los aliados no tuvieron en cuenta que, en el pueblo de Audrey, Arnhem, estaban estacionadas dos divisiones blindadas alemanas. La artillería alemana no tardó en controlar la zona. Muchos aliados murieron al tocar tierra y más de siete mil fueron capturados y deportados a Alemania. Aquel invierno fue uno de los más duros de la historia europea y los nazis vieron como la población holandesa moría lentamente de hambre. Audrey y su madre se vieron obligadas a marcharse de Arnhem “a la casa de campo que mi abuelo tenía, pero no fueron días agradables. Pasábamos los días sin comer, titiritando de frío en una casa sin calefacción ni luz”.

Vivíamos sin nada que hacer, sin noticias, sin libros, ni jabón; sin embargo, aquello no era nada comparado con el horror cotidiano… durante bastante tiempo lo único que teníamos para comer eran bulbos de tulipán. “La mañana del 24 de diciembre, mi tía nos comunicó que no teníamos nada para comer. Yo había oído decir que si uno dormía se olvidaba del hambre. Pensé en subir las escaleras para ir a mi habitación, pero no tuve fuerzas. Se me había hinchado las piernas, estaba desnutrida y tenía tan mal color a causa de la ictericia que mi madre llegó a temer que muriera de hepatitis”. Entonces alguien llamó a la puerta y entró un miembro de la resistencia con un poco de comida y durante algunos días les fue pasando raciones. Cuando se quedaban sin comida aparecía, de nuevo,  la desesperación más absoluta pues continuamente tenían la incertidumbre de si podría, disponer de más.

El 4 de mayo de 1945 Audrey oyó ruidos fuera de la casa. “Corrí a la ventana y vi el primer contingente de soldados aliados. Para mí, la libertad, tiene un olor especial: el de los cigarrillos y la gasolina inglesa. Les pedía un cigarrillo, aunque me hizo toser. También les pedía una chocolatina”. Desde entonces nunca perdería su afición al chocolate.

Posteriormente, finalizada la guerra, Ella van Heemstra, se trasladó con su hija a Inglaterra para que continuara con las clases de danza. Su madre, es un ejemplo de lucha. Los hechos mostraron siempre la fuerza y el empeño de una mujer que fue capaz de, aun siendo baronesa, trasladarse desde Holanda a Inglaterra, buscar un pequeño empleo de conserje que consistía en limpiar un portal de un pequeño bloque de viviendas. A cambio obtenía una habitación poco amueblada y un pequeño sueldo. De esta forma consiguió que su hija pudiera seguir con su instrucción. Pocas mujeres en aquella época mostraban esa determinación.
 
Posteriormente, se evidenció que los estragos alimenticios en un cuerpo adolescente que estaba creciendo habían dejado secuelas que truncaron su carrera como bailarina; sin embargo, no es menos cierto que buscó otra salida. Este hecho le obligó a dar clases de interpretación dando origen, así, a la carrera de una de las estrellas con más estilo y elegancia de Hollywood.

Fuente:

Donald Spoto. Audrey Hepburn. Editorial Debolsillo, Barcelona 2016. Hemos tenido en cuenta los dos primeros capítulos. Una biografía que aconsejamos leer.





sábado, 4 de marzo de 2017

EL TRAJE TRADICIONAL DE PONTONES

Pareja de Pontones (a la izquierda) y pareja de Quesada (a la derecha). Escuela Superior de Magisterio de Madrid

EN LA EXPOSICIÓN MADRILEÑA DEL TRAJE REGIONAL DE 1925


Manuel Fernández Espinosa


Durante buena parte del siglo XIX Andalucía ejerció una hegemonía en el conjunto de España. D. José Ortega y Gasset así lo declaraba: "Las ideas dominantes son de acento andaluz. Se pinta Andalucía -un terrado, unos tiestos, cielo azul. Se lee a los escritores meridionales. Se habla a toda hora de la "tierra de María Santísima"... Hacia 1900, como tantas otras cosas, cambia ésta. -sigue diciéndonos el filósofo madrileño- El Norte se incorpora." Que Andalucía tuviera su predominio a lo largo del siglo XIX no quería decir que se conociera la Andalucía profunda y real: lo que se trasladó al resto de España fue una imagen, a veces asaz estereotipada, de una Andalucía frívola, indolente, achabacanada muchas veces que no correspondía ni al pintoresquismo de ciertas provincias andaluzas administrativamente influyentes, sino a un producto deudor de los tópicos que nos habían sido endosados por los viajeros europeos del romanticismo. La verdadera Andalucía, en su vastedad geográfica y étnica, siguió siendo en gran medida una "tierra incógnita", desconocida en toda la riqueza y diversidad folclórica de nuestros pueblos. Y Jaén fue en ese sentido una de las grandes desconocidas, destino que cabe atribuir a ser una tierra de paso. Fue por eso que causó una gran sorpresa para el resto de España descubrir una Jaén que poco tenía que ver con la imagen andaluza que se había transmitido. Este hallazgo de la Jaén desconocida tuvo ocasión con la Exposición del Traje Regional, organizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el Madrid de 1925. Por eso pudo escribir D.Luis de Hoyos y Sáinz, a la sazón catedrático entonces de Antropología de la Escuela Superior de Magisterio:

"La otra andalucía, la menos conocida porque no se desbordó por escenarios y publicaciones que fueron más imaginativas que realistas, ha sorprendido al público con una riqueza indumenal verdaderamente castiza y severamente pintoresca. Jaén deberá gratitud a la Marquesa de la Rambla, que acopió y ha presentado verdaderas maravillas del vestir de la provincia serrana (...) puede verse más de veinte ejemplares de estos, en que la típica pareja del "Chirri" y la "Pastira", de Jaén, como los variados trajes de fiesta y diario de la sierra de Cazorla o de la región de Frailes y Pontones (...) demuestran una de las más variadas riquezas provinciales que figuran en la Exposicion".

El Padre Isaías Morales, párroco de Torres de Albanchez, escribió en Mayo de 1925 un reportaje de esta Exposición, señalando que:

"De la provincia de Jaén, (de lo que, hoy, es territorio de la provincia de Jaén) se tenía idea: primero, de la casi no existencia de los trajes característicamente regionales y típicos; segundo, de la absoluta desaparición de ellos (sin embargo) La instalación de Jaén, en la Exposición, lo ha confirmado plenamente. Hemos demostrado que podemos unir a la Geografía étnica de las provincias españolas, el mapa del traje, colorando distintamente cada una de sus zonas".

D. Isaías también alude en su artículo a ese modismo coloquial, tan propio de la Sierra, en la que todavía se ha conservado eso de "que se llaman hermanos en vez de llamarse amigos", como pasa en Santiago-Pontones.

La Marquesa de la Rambla, Doña Concepción Loring, fue la vocal de la Junta auxiliar de Señoras del Comité Central de la Exposición y Presidenta del Comité Provincial de Jaén y, en colaboración con otros miembros de la aristocracia provincial y algunos intelectuales (como D. Alfredo Cazabán Laguna o el mismo Padre Isaías Morales) reunió un buen muestrario de nuestros trajes tradicionales. Entre todos los pueblos de Jaén que pudieron mostrar sus indumentarias, Pontones aportó la ropa de diario y el vestido festivo tanto del hombre como de la mujer.

Hoy en día sigue constituyendo un punto muy importante la conservación de estos trajes que se han perdido, en virtud de habernos "uniformado" todos con modas ajenas. La recuperación de nuestro estilo propio en el vestir debería ser algo más que objeto de estudios etnográficos para una exposición museística. Aunque parezca imposible, no lo es.

FUENTES:

Ortega y Gasset, José, "Notas de andar y ver. Viajes, gentes y países", Revista de Occidente en Alianza Editorial.

Varios números de la revista provincial DON LOPE DE SOSA.

Para una noticia del párroco de Torres de Albanchez, puede consultarse esta semblanza biográfica que hice sobre el presbítero y cronista: DON ISAÍAS MORALES TORRES. UN PÁRROCO Y UN ACADÉMICO.

jueves, 16 de febrero de 2017

EL HORNILLERO QUE FUE ALCALDE DE SAN ROQUE (EN EL CAMPO DE GIBRALTAR)




MATERIALES PARA EL ESBOZO DE LA BIOGRAFÍA DE UN HORNILLERO


Manuel Fernández Espinosa


"Si te empeñas en empozarte y hundirte en la sima de la tradición de tu pueblo 
para escudriñarla y desentrañar sus entrañas, 
escarbándola y zahondándola hasta dar con su hondón..."

Miguel de Unamuno, "Vida de Don Quijote y Sancho".


Un pueblo necesita conocer su historia para conocerse y reconocerse a sí mismo. Por eso desde que llegué el año 2015 a Santiago de la Espada me llamó poderosamente la atención que los estudios sobre su historia local estén prácticamente vírgenes. Contamos, no obstante, con valiosas aportaciones que ha hecho D. Olayo Alguacil González en sus libros; también son útiles algunos otros estudios de la comarca, pero el hecho de haber perdido el archivo municipal supone sin ninguna duda un gran obstáculo para recuperar la historia y la intrahistoria de Santiago de la Espada. Por eso me he propuesto en la medida de mis posibilidades contribuir al mejor conocimiento -siquiera fragmentariamente- del pasado histórico de Santiago de la Espada.

Aunque uno sea consciente de la fragmentariedad a la que está reducida esta labor de reconstrucción histórica, puesto que estas aproximaciones históricas locales constituyen para mí una dedicación colateral y faltan tantos fondos documentales, no por eso hay que dejar de participar los hallazgos que se hagan aunque parezcan poca cosa, para posteriormente volver sobre ellos y completarlos, o bien para abrir el camino a otros que puedan venir después de uno. 

Quiero presentar a los lectores a un personaje histórico de Santiago de la Espada que hoy puede ser un desconocido, pero que por su importancia pública y política en el siglo XIX bien merecería un estudio biográfico más detenido. Me refiero a D. Julián Ruiz Marín.

En los libros de Desposorios del archivo parroquial de Santiago de la Espada encontré la partida de velación de D. Julián Ruiz Marín y doña Ana Rodríguez del Castillo. Para los que no están puestos en antecedentes tal vez sea conveniente decir que la ceremonia de la "velación" era un rito litúrgico de la Iglesia Católica que se solía celebrar con anterioridad al Concilio Vaticano II, una hermosa ceremonia cargada de simbolismo en el curso de la cual se cubría a los cónyuges con un velo, tras la unión nupcial pertinente: se podía hacer inmediatamente después de la Misa de bodas o bien incluso mucho tiempo después. Eso implica que una pareja podía casarse en Cádiz y realizar su ceremonia de velación, incluso años después, en el pueblo natal de uno de los contrayentes.

Así es como hemos podido encontrar el documento en que se registra la velación del matrimonio de D. Julián Ruiz Marín y doña Ana Rodríguez del Castillo. Era el día 29 de septiembre de 1813 y el presbítero D. Esteban Rodríguez Gil procedió a oficiar la ceremonia de velación del matrimonio, en la "Hermita de la Purísima Concepción" (hoy lamentablemente perdida y que se localizaba en la actual casa de los párrocos locales). En este documento parroquial se consigna que D. Julián Ruiz Marín era natural de Santiago de la Espada, aunque residía en la villa de Martos. Eran sus padres D. Bernabé Ruiz y doña Lucía Martínez Delgado. La esposa de D. Julián era natural de la Población de los Barrios y era vecina de la Muy noble y más leal ciudad de San Roque, en el campo de Gibraltar; los padres de doña Ana eran D. Andrés Rodríguez y doña María del Castillo. Consta que la pareja se había casado en San Roque, el 16 de julio de 1812. Desde 1808 nuestro país vive la Guerra de la Independencia y, muy cerca de San Roque, se acaba de proclamar la Constitución de 1812. Pero, ¿quién era el santiagueño D. Julián Ruiz Marin?

Aunque la partida de velación no es parca en datos, lo cierto es que el origen y la cantidad de localidades que se apuntan sugiere que estamos ante alguien que, aunque había nacido en Santiago de la Espada, desarrolló su vida en muchos otros destinos. Es así como, investigando, descubrimos que -tal y como se dice en la partida de velación- D. Julián era hornillero, pero en 1813 era vecino de Martos. Así es, como consultando el "Diario de las discusiones y actas de las Cortes" encontramos la profesión que desempeñaba nuestro hornillero. En la Sesión de las Cortes del día 26 de junio de 1813 se hace constar que: "El juez de primera instancia de la villa de Martos D. Julián Ruiz Marin ponía en noticia de las Cortes varios hechos, comprobados en un testimonio que acompañaba, para manifestar la necesidad de que el soberano Congreso mandase formar un reglamento interino para juzgar a los ladrones, desertores, facciosos y traydores (sic) de un modo sencillo, claro y pronto. Su exposición pasó a la comisión de arreglo de Tribunales".

Sabemos, por lo tanto, que en 1813 D. Julián Ruiz Marín era juez de primera instancia en la villa de Martos, de la Orden de Calatrava. Debido a los trastornos de la guerra, el juez santiagueño informaba desde Martos al "soberano Congreso" (desde 1812 la soberanía ya no era del Rey que estaba ausente por las intrigas de Napoleón Bonaparte, a las que se había prestado la familia real de España). D. Julián pide que se resuelva el asunto que participa al Congreso, puesto que hemos de suponer que los delitos de robo, deserción, facción y traición debían estar a la orden del día en una España que todavía combatía a los invasores napoleónicos. No sabemos en lo que acabó esta gestión, pero merece la pena haberla expuesto para fijar exactamente la profesión que desempeñaba nuestro santiagueño. Para ser juez de primera instancia, haremos bien en suponer que tuvo que formarse en la carrera de Leyes, muy probablemente en la Universidad de Granada.

Pero no queda ahí la cosa. Pese a todos los vacíos que quedan por llenar en la biografía de este ilustre hornillero, hemos podido situarlo en fecha posterior a la de 1813 en la ciudad de San Roque (Cádiz). Parece ser que, tras la retirada de los ejércitos franceses, una vez vuelta la paz (es un decir) a España, D. Julián Ruiz Marín fue alcalde de San Roque en los años comprendidos entre 1814 y 1820. Estamos, por lo tanto, en el llamado Sexenio Absolutista (1814-1820) que se inaugura cuando, retornado Fernando VII a España, el rey decide abolir la Constitución de Cádiz de 1812 y gobernar como soberano absoluto. Que D. Julián fuese alcalde de San Roque en esta etapa puede ponernos en la pista de sus opiniones políticas que, a buen seguro, tendrían que ser conservadoras, dado que no cabe imaginar que en esa etapa histórica se le diera la vara de la alcaldía a un hombre señalado por sostener ideas constitucionalistas.

Cuando se produce el Pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan, año 1820, D. Julián era alcalde de San Roque. El triunfo del pronunciamiento liberal de Rafael del Riego afecta a la composición del ayuntamiento sanroqueño, por lo que el 16 de marzo de ese mismo año la corporación municipal de San Roque se reúne y jura la Constitución: los concejales que hasta ese momento han formado la corporación municipal renuncian a sus cargos y de esta forma se reconfigura un ayuntamiento con concejales de marcado signo constitucionalista: aquellos que habían sido ediles en 1814 y que fueron depuestos en el Sexenio Absolutista vuelven a ocupar sus cargos, tras seis años fuera del gobierno. No obstante, D. Julián Ruiz Marín jura la Constitución y presta juramento como Juez de primera instancia del ayuntamiento constitucionalista. Los liberales más extremistas de San Roque no toleran que el que ha sido alcalde durante el Sexenio Absolutista ocupe ni siquiera el cargo de juez, por lo que proceden a denunciarlo como "anticonstitucional" y, llegan a más,  incluso atentan contra su vivienda, disparando a la fachada de su casa. Los exaltados se salen con la suya y el Jefe Supremo Político cesa a D. Julián en el cargo de Juez.

El triunfo de los constitucionalistas de 1820 alteró la vida de D. Julián que, tras sufrir el hostigamiento al que lo sometían los liberales, se vio obligado a permutar su destino, abandonando su residencia en San Roque para pasar a ejercer como juez en Gaucín, población en el Valle del Genar, Málaga. Lo veremos regresar más tarde a San Roque y otra vez como alcalde, tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis que da fin al Trienio Liberal y devuelve a Fernando VII la monarquía absoluta. Y aquí, por ahora, se ha quedado nuestra indagación, esperando haber abierto una línea de investigación que recobre la biografía de un personaje histórico e hijo ilustre de Santiago de la Espada.

No quiero concluir este artículo sin agradecer cordial y fraternalmente a los actuales párrocos de Santiago-Pontones, D. Antonio y D. David, por su amable colaboración. El estudio de los volúmenes que conforman los libros de Bautizos, Confirmaciones, Desposorios y Sepelios del archivo parroquial, esmeradamente custodiados por los sacerdotes que han pasado por Santiago de la Espada, constituyen un fondo documental de forzosa consulta, dado que en ellos duerme la historia de este pueblo que tiene que despertar.



FUENTES DOCUMENTALES:

Libro de Desposorios de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol de Santiago de la Espada.

"Diario de las discusiones y actas de las Cortes"

Araceli Vallecillo López, "Repercusiones en San Roque del pronuncimiento liberal de 1820", publicado en "Almoraima: revista de estudios campogibraltareños", 1991, nº 5. págs. 47-58.

 



  




domingo, 12 de febrero de 2017

SANTIAGO DE LA ESPADA EN 1834-1850

Ayuntamiento de Santiago de la Espada



SANTIAGO DE LA ESPADA EN EL DICCIONARIO MADOZ


Manuel Fernández Espinosa


Desde 1834 a 1850, D. Pascual Madoz Ibáñez (1806-1870) realizó una exhaustiva información de todas las ciudades y núcleos de población de España por provincias. La obra, titulada "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar" se compone de dieciséis volúmenes y la información que en ellos podemos encontrar es valiosa para aportarnos una idea de la realidad que vivían nuestros antepasados a mediados del siglo XIX. ¿Qué nos dice de Santiago de la Espada?

Se nos describe en la entrada que el Diccionario Madoz dedica a Santiago de la Espada que fue éste antiguamente aldea de Segura de la Sierra, hasta que se le concedió el título de villazgo en 1691 y que "Según la opinión general se cree que sus primeros pobladores fueron pastores trashumantes de la serranía de Cuenca" que le nombraron El Hornillo con antelación a adoptar el nombre de Santiago de la Espada. El municipio pertenecía a mediados del siglo XIX a la provincia de Jaén, del partido judicial y vicaría eclesiástica de Segura de la Sierra, estando bajo la jurisdicción de la audiencia territorial de Granada. "Situación en la falda meridional de un gran cerro [...] combatido por los vientos del oeste y propenso a pleuresías", no obstante se remarca la salubridad de sus aires aunque el clima es extremadamente frío. La vecindad se abastecía de las aguas de una fuente de cuatro caños.

El caserío de Santiago lo formaban en aquel entonces cuatrocientas casas pequeñas y por lo general de dos pisos, con dos plazas cuadrilongas, calles buenas y muchas de ellas de piso llano, Casa Consistorial del Ayuntamiento, cárcel, un pósito y una escuela de primeras letras que costeaban los fondos municipales y atendía a unos ochenta niños. La iglesia parroquial era la de Santiago Apóstol que la servía un cura párroco que no ponía la Diócesis de Jaén en aquel tiempo, sino el Tribunal Especial de las Órdenes religioso-militares, entre las que estaba la Orden de Santiago que aquí había tenido una presencia histórica desde la Edad Media, como en toda la Sierra de Segura. Había tres ermitas intramuros en Santiago de la Espada: la de San Antonio de Padua, la de la Purísima Concepción y la de San Roque. 

Teniendo en cuenta que el dogma de la Purísima Concepción no se definió hasta la Bula Ineffabilis Deus (del 8 de diciembre de 1854) y que el Diccionario Madoz se terminó cuatro años antes de proclamarse el dogma y contando con el hecho de la existencia de una ermita dedicada a San Antonio de Padua, estos vestigios nos indican que muy probablemente, entre los siglos XVII-XVIII, frailes franciscanos pudieron pasar por Santiago de la Espada, dado que los franciscanos fueron los más acérrimos defensores del dogma de la Purísima Concepción de la Virgen María y habida cuenta de que el santo que titula una de las tres ermitas hornilleras es también franciscano: San Antonio de Padua (también conocido como San Antonio de Lisboa por nacer en la capital portuguesa allá por el año 1191); los franciscanos no levantaron un convento en Santiago de la Espada, pero su labor misionera los mantenía continuamente itinerantes, predicando por todo el territorio. Es más que probable que la ermita de San Roque fuese la más antigua de las tres, puesto que se invocaba la intercesión de San Roque contra las epidemias, especialmente contra la peste y también tenemos que tener en cuenta la proximidad de Siles, ciudad vecina que tributa una especial devoción a San Roque.

Con las leyes de enterramientos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, el cementerio había dejado de ser la planta de la iglesia parroquial, por lo que lo vemos situado ya extramuros, aunque no en el punto exacto donde hoy está, sino muy cerca de nuestro Instituto de Enseñanza Secundaria "Villa de Santiago": "extramuros aunque contiguo a la población se encuentra el cementerio" -nos dice el diccionario.

El Diccionario Madoz también nos hace un elenco de las aldeas de Santiago, tanto las hoy existentes como otras que, lamentablemente, son despobladados en la actualidad: Miller, Marchena, Marchinica, Prado del Muro, Cerezo, Hoya de Miguel Barba, etcétera.

Es interesante advertir que el Diccionario Madoz se refiere a minas de hierro, cobre, plomo y lignito que -así nos apunta- estaban sin explotar, a buen seguro que por la falta de iniciativa y de infraestructuras de comunicación para poder llevar los minerales extraídos a puntos donde pudieran ser tratados industrialmente.

Se nos pinta también el paisaje de pinos blancos, carrascas, robles, fresnos y una ubérrima flora aromática y medicinal. Se cosechaba trigo, cebada, centeno, patatas y maíz; pero el fuerte de la economía era la ganadería, con rebaños de ovejas, cabras y vacas. La caza menor y mayor también era un estilo de vida serrano, así como la pesca de truchas. Los caminos estaban "en estado casi intransitable", no obstante el correo llegaba a Santiago los jueves de cada semana, traído por un valijero. 

Existían en el término de Santiago varios molinos harineros y también batanes. La economía era prácticamente de subsistencia, puesto que el comercio se reducía a la lana.

martes, 17 de enero de 2017

GRADED READERS


¡Feliz año nuevo! Happy new year!

A continuación, os mostraremos las lecturas graduadas en inglés que hemos propuesto para nuestro alumnado:

                                          1 ESO (Grupo flexible) y 2 ESO (PMAR)


COLBOURN, Stephen. The Lost Ship. Heinemann Graded Readers.

In this mystery story, a sea captain and his crew find a drifting, empty ship. The captain goes on board and he soon discovers a terrifying secret.







3 ESO


TWAIN, Mark. The Adventures of Tom Sawyer. Penguin Readers.

Tom Sawyer loves adventures. He has them at home, at school, and with his friends —Huck Finn, Joe Harper, and Becky Thatcher. Tom has one adventure in a graveyard, one in an old house, one in a cave. Who does he see in those places—and why is he afraid?






4 ESO


GROOM, Winston. Forrest Gump. Penguin Readers.

Everybody tells Forrest Gump that he’s an idiot. But he’s a great football player, and he plays the harmonica beautifully. He’s also a brave soldier. But can he ever marry the girl he loves? This story of his journey through life is sometimes sad and sometimes very funny.






1 Bachillerato



PUZO, Mario. The Godfather. Penguin Readers.

Don Vito Corleone is the ‘Godfather’ of New York’s richest Mafia family. His business is built on fear and murder. Vito’s son Michael wants a quiet life away from the family business. But that’s not easy, and slowly Michael becomes the most dangerous gangster of them all…







N.B. Para el resto de grupos, se ha creado una biblioteca de clase con los libros de lectura del Departamento de Inglés.

HAPPY READING!